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Lobogrino

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Un simple cajón desastre de ideas peregrinas.

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Martes, 30 de enero de 2007

Cambio de casa: http://lobogrinoo.blogspot.com/

Hola a tod@s.

Dada la imposibilidad cada vez mayor para acceder a esta bitácora por culpa del dominio Bitacoras.com que es un asco me veo obligado a emigrar.

http:/lobogrinoo.blogspot.com/

Como cambiar todo el material que hay aquí es complicado e innecesario a partir de ahora, y siguiendo la total continuidad (Tauro que es uno) todos los escritos estarán en el nuevo blog. Que no será otra cosa que este pero pudiendo entrar y dejar comentarios sin perder tiempo.

http://lobogrinoo.blogspot.com/

Muchas gracias por la paciencia y por vuestros comentarios.

Nos seguimos viendo.

Besos y Abrazos: Lobogrino.

http://lobogrinoo.blogspot.com/

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Domingo, 28 de enero de 2007

YO MATO…"OTRO MUERTO"

Sábado. Noche. No salgo. Estoy resfriado. Miro la tele. Sin ganas. No hacen nada. Películas mil veces vistas. Aburren.
Me doy de morros con un viejo documental en blanco y negro. Sin sonido. Hay nieve. Ciudad nevada. Un muerto tirado en la calle. Cubierto por un sudario. Quizá murió por el frío. Otro. Gente que pasa. Abrigados. No se paran. Otro. Nieva. Otro. Sí, deben haber muerto de frío. Otro. Un carro que con un viejo ataúd recoge un muerto de las calles nevadas. Otro más. Gente con un trineo recoge a otro muerto. Y otro. A la docena dejo de contar. Pierdo la cuenta. Fosas comunes con centenares de muertos. No ha sido el frío. Leningrado sitiado por los nazis. Rictus de sorpresa en cadáveres ya sin sangre. Boca de negrura infinita. Ojos…Ojos humanos vacíos de vida. Siguen mirando. Desgarradores. Cambio de canal. Una película. “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”. Extraño título. Violenta. Vuelvo al documental. Centenares de muertos. Nadie llora. Recogen cuerpos. Silencio. Acaba. Ahorcan a seis en plaza pública. Miles aplauden. Nieva.
Pienso.

Viendo esos muertos tirados en la calle, solos pienso que nadie les llora. No pienso en el muerto. Cuando has muerto ya está. Pienso en los que no les lloran. ¿Porqué?. ¿Porqué nadie llora a un muerto?. Una muerte violenta es un drama para el Ser Humano. Quizá las familias de estos muertos anónimos habían sido asesinadas antes. Quizá estaban demasiado lejos como para enterarse. Quizá creían que llevaban una buena vida en otro sitio y estaban muertos en Leningrado. ¿Cómo se sentirían sus madres al enterarse?. ¿Qué rictus de dolor harían sus padres?.
No puedo evitar relacionar este documental con la película y con la violencia general que nos invade.
¿Nos hemos vuelto locos o qué?. “Nadie hablará de nosotras cuando estemos muertas” (el mayor drama que le puede ocurrir a alguien, muy por encima de la muerte misma) es una mentira, una historia. El videojuego en el que el adolescente se carga a sus oponentes a tiros es una mentira, una mala historia. El documental sobre El Sitio de Leningrado es una verdad, es Historia. Y lo consumimos todo a la vez, con palomitas saladas.
Algunos salen de ver ese montón de imágenes, unas ciertas y otras falsas pero con un componente común: muere gente y le clavan un navajazo a uno que es de otra banda, conducen un coche sin carné, se saltan una señal y atropellan a un peatón, se juntan con otros veinte y le patalean la cabeza a un negro o a un maricón, sacan un espadón y rebanan el cuerpo de sus padres y de su hermana, le pegan dos tiros o cien puñaladas a la mujer, o al maestro, rocían con gasolina a una indigente y le prenden fuego.
Y algunos (si sus padres, su clan o su banda tienen influencias o dinero) salen de rositas. Pero aunque no pisen la cárcel que merecen ya han tenido su castigo.

¿Y los muertos?. Esos muertos no son actores. Esos muertos son de verdad. Esos muertos son igual de personas que el que los ha matado, que mis amigos, que yo. Como cantaba Ana Torroja en Mecano: “el que muere no vive más”. Esos muertos no son “de cine”. Esos muertos puedo ser yo si a alguien se le cruzan los cables y me patalea la cabeza porque no le caigo bien, o porque no opino como él. Esos muertos puede ser cada uno de los que leen si alguien que conduce sin carné se salta una señal y no se para.
No hablo ni quiero de las guerras o del terrorismo: eso da para mucho más y yo no me veo capacitado para postular sobre el tema.
Voy por otros caminos.
¿Qué pensaría mi madre si a mi me mata un capullo sin cerebro que simplemente se aburre?. ¿Qué pensaría la madre de cualquiera?. ¿Cómo se le dice a una madre: “han matado a su hijo”?.

No deja de ser curioso que en el momento social en el que la muerte es más tabú. Cuando escondemos la muerte en hospitales y tanatorios fortaleza que alejan los llantos y el dolor. Bien lejos. En el momento en el que nos convencemos que vamos a vivir eternamente. En este momento de autoengaño es cuando somos más violentos. Es cuando queremos eliminar al otro. Cuando el diálogo no es suficiente. Cuando ignorar al que nos hace daño o simplemente nos “cae mal” no basta. Queremos eliminarle. Queremos su muerte. Pero no es que seamos malos. No. Sólo le queremos matar. Pero “poquito”...

A fin de cuentas los muertos de las películas “resucitan” al entregarles los premios a los actores. Y los muertos de los videojuegos se levantan en la siguiente partida.
Queremos eliminar al otro pero en los juicios decimos: “No pensé que pasarle por encima con el coche a doscientos por hora le fuese a matar ( y me condenan por ser gitano…)”. “No creí que despedazando a mi familia a espadazos fuesen a morir: yo les quería (y total: ¿para que iban a vivir unos padres cincuentones y una niña retrasada?)”. “No quería matarla (aunque le pegué veinte puñaladas y siete tiros…porque con ella hago lo que me da la gana que para eso es mi mujer)”. “Las bandas latinas somos asociaciones culturales no violentas (los navajazos que damos a los que pasan por la calle son una forma de expresarnos)”. “No pensábamos que por darle cuatro golpes a aquella pareja de gays fuese a pasar nada (eso sí: éramos veintisiete tíos con palos, cadenas y botas de punteras de hierro. Que la derecha es muy valiente)”. “Mi hijo no es violento. Quemar a aquella indigente era un juego que se le fue de las manos (y ella se lo buscó por ser pobre, sucia y dormir en un cajero)”…
Ese es el problema: no es un juego: ninguna de las víctimas tiene posibilidad de reaparecer en otra historia ni de jugar otra partida. La suya ha terminado. La indigente muerta del cajero sólo pudo protagonizar aquel drama, y el peatón del bailarín, y la familia del de la espada, y las mujeres asesinadas a diario y tod@s las demás. Ya no tienen posibilidad de jugar más.

¿Debo matar aunque pueda hacerlo?. ¿Puedo jugar a ser Dios?. ¿Me sentiré como dios cuando haya matado?. ¿El bailarín, el de la espada o los del cajero sienten algo?. ¿Son dioses?. ¿Merecen algún castigo?.
Sinceramente: no seré yo quien se lo de. El castigo era convertirse en bestias. Dan asco, rabia y producen indignación pero “en el pecado llevan la penitencia”. El castigo lo tuvieron en el momento en el que se despojaron de la humanidad para jugar a las películas:
“Capullo al volante”. “El samuray barriobajero”. “Como mola la garrafa y la cerilla”. “Mi, banda, yo y nuestras navajas”. “Veinte valientes pelaos contra una marica loca” o “La maté porque era mía”.

Títulos cinematográficos de dramas que much@s viven en la tenue franja que separa la ficción de la realidad y convierte al ser humano en bestia y desgraciada presa que “No vive más”.
...Quizá tú o yo la próxima vez que dejemos de tener suerte…

“Otro muerto. Otro muerto.
¿Qué más da?.
Si está muerto
Que lo entierren y ya está
Otro muerto.
Pero no es sin ton ni son.
De momento se acabó la discusión.

Yo no sé ni quiero
de las razones
que dan derecho a matar.
Pero deben serlo porque el que muere no vive más.

Otro muerto.
Pero que bonitos son.
Calladitos.
Sin querer llevar razón.
Otro muerto.
Pero tiene su porqué:
algo ha hecho.
Y si no pregúntale.

Yo no sé ni quiero
de las razones
que dan derecho a matar.
Deben ser la hostia porque el que muere no vive más”.
Mecano.
http://www.youtube.com/watch?v=gh0QA7SM8dE

Curiosa ¿evolución? del hombre…Curiosa…

¿Alguien dijo que “El Gran Silencio” era innecesaria?...

Paren el tren: me bajo.

*Notas:
1- La película la cito por el título, porque la ponían mientras cambiaba de canal y es muy bestia todo lo que sufre el personaje de Victoria Abril. No critico en absoluto la película que es buena.
2- No sé como bajarse del tren. Algunos lo hacen cuando para en Grenoble...Yo en esa estación no podría. Pero tiene que habe otras...



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Lunes, 22 de enero de 2007

EL GRAN SILENCIO: EL GRAN RETO



Más allá de las anécdotas o curiosidades hay una excelente película que ultrapasa los límites de la pantalla, conmueve hasta lo inimaginable, muestra verdades como templos y te acompaña fuera de la sala de proyección.
“El Gran Silencio” sin pretenderlo es la Gran Película. La mejor película de la historia. Aquel film por el que valía la pena que se inventase el cine.
Mucho más allá de si los monjes (Trapenses) tardaron 16 años en responder al director para que los filmase. Más allá de que si en tres horas no hay diálogo (lo que es mentira puesto que es lo único que tiene: diálogo el diálogo del corazón de Dios con el espectador que se convierte en sujeto activo y participa de la película). Mucho más allá de que no hay historia al uso (inicio-nudo-desenlace) o que su acogida sea un fenómeno inesperado; se esconde la más preciosa de todas las joyas fílmicas jamás rodadas.
Como no hay ningún elemento cinematográfico habitual empieza de golpe: sin publicidad, sin títulos de crédito, sin músicas: “El Gran Silencio”.
Una imagen blanca, un zumbido que es nieve cayendo sobre la Cartuja de Grenoble, en los Alpes Franceses, un joven monje trapense que ora en la soledad de su celda.
Y a partir de aquí durante tres brevísimas horas que pasan en un santiamén: mil millones de sensaciones, de imágenes, de sonidos que normalmente no escuchamos.
Las pisadas de los monjes por los claustros, el crujido de las tijeras que cortan la dura tela de los hábitos que confeccionan expertas y sarmentosas manos de monje anciano, el zumbido de la nieve cayendo, el sonido de la navaja pelando una manzana, el repiqueteo de la lluvia cayendo en un charco y el reflejo de un grajo que cruza el cielo y se ve en el charco donde llueve, el sonido de la máquina de rapar el pelo, el enorme estruendo de la aguja al clavarse en la tela del hábito…
“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”.

Varias citas bíblicas enfatizan la vivencia de estos hombres aunque esta, la Vocación de Jeremías, base de toda vocación religiosa se repite constantemente. Y no de manera casual.
Unos hombres excepcionales que viven una vida excepcional. Una vida dura siempre y hoy más que nunca. Hombres de rostros felices, de energía incombustible, de autenticidad inmensa. Hombres aparentemente recluidos en una inactividad inútil y que son la gran, la única esperanza de la humanidad.
Y los rostros…Una veintena de hombres. Ancianos y jóvenes que regalan durante unos segundos su gesto al espectador. Todos diferentes: rubios, negros, viejos, con barba, jóvenes, lampiños, con o sin gafas…Pero con algo común: la felicidad serena en sus rostros.
El espectador tiene el privilegio de asistir a una parte de la Profesión de dos hermanos. De escuchar los ancestrales cantos en Gregoriano que salen de las templadas gargantas de estos curtidos hombres, capaces de enfrentarse al duro invierno alpino si más calefacción que el calor de los ásperos hábitos y troncos en una estufa que previamente han tenido que cortar con sus manos.

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”.

Llama la atención uno de los monjes que reparte la comida con un carro por la ventana de las celdas de los compañeros. Guarda un asombroso parecido con el actor John Malcovich. Es joven y tremendamente guapo. Otro hermano, regordete y con gorro de lana se encarga de llevar comida a los gatos y mientras juega con ellos les cuenta cosas. Uno de los monjes que cortan el pelo, con una sola mano mueve la máquina con maestría para rapar la cabeza de los compañeros. Y mientras el que lleva el huerto quita la nieve o desatasca una manguera rezan. Rezan durante la actividad o la dejan a medio por unos instantes para arrodillarse y rezar.
Los domingos comen en comunidad, mientras un monje lee La Regla de la Orden. Luego, entre bromas y risas salen a dar un paseo. En un momento hablan sobre la conveniencia o no de mantener el símbolo de lavar las manos antes de la comida comunitaria (se entiende que habitualmente lo hacen y en esa comida salen de celebrar la Eucaristía) unos se muestran a favor y otros en contra del viejo símbolo. Hasta que uno de ellos lacónicamente afirma: “Yo no estoy ni a favor ni en contra de ello. Mi problema es que me olvido de ensuciarme las manos antes”… Otro afirma que perder los símbolos les condenará a desaparecer como ocurre con el hombre moderno.
Pero se equivoca: la actual cultura no ha perdido los símbolos. Los ha sustituido por otros.
El hombre moderno ha convertido en símbolos a seguir a marizorras de diseño capaces de cualquier cosa por dinero y salir en las revistas, y a descerebrados lerdos que conducen coches de carreras, patalean una pelota o juegan a deportes de raqueta, y a niñatos palurdos (ya se caigan del andamio, o se corten o no los rizos…) que han ascendido musicalmente a base de utilizar su boca más para succionar la entrepierna de productores musicales seguramente casados y con hijos que cantando, ya que carecen de aptitudes para tal cosa y a los de Gran Hermano/similares que a la vez que “contertulios de temporada” son putaz@s de lujo para señor@s acaudalados. Esos son los símbolos del hombre moderno: tener más, ser más rico, más famoso, putear más al vecino o al compañero de trabajo, fardar del último coche o del último teléfono o del último bolso D&G aunque haya que tenido que comprarlo falsificado al negro de la manta de la calle…
Y ahí es donde nuestros amigos monjes Trapenses hacen más falta. Y ahí es donde la película hace más falta. Y no están “en otro mundo” uno de ellos dice que al día siguiente a la jovial charla tiene que coger un avión para Seúl…

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”.

Y seguimos viendo el paso de las estaciones, el paso de los días en un marco geográfico incomparable, y los monjes rezan y cantan, comen y trabajan, estudian y se ríen en los paseos.
Uno joven moreno y fornido de largas pestañas(con pinta de vasco) escribe con un bolígrafo Bic, que suena de manera brutal al escribir en el papel, y letras caligráficas preciosas en un cuaderno, en castellano: seguro que es vasco...
Sigue la procesión de rostros ante nuestros ensimismados ojos. Algunos de ellos, no pueden aguantar la seriedad y traviesos ríen.
Y rezan tirados en el suelo de la capilla.
Y cantan alabanzas al Buen Dios.
Otro de los días, ya de principios del invierno salen apresurados. Sus botas de montaña, que el joven vasco poco tiempo atrás ha repegado, suenan bruscas en las losas del suelo de los pasillos.
Van de excursión por la nieve. Charlan, ríen y juegan como niños traviesos. Al llegar a una pendiente de la montaña alpina unos cuantos suben unos 100 metros y entre risas esquían…pero los esquís son sus botas o simplemente su hábito. Suben una y otra vez para dejarse caer rodando 100 metros mientras los hermanos aplauden.
A la vuelta un hermano ciego y medio sordo, con unas cejas de canas kilométricas le cuenta al director de la película lo que sintió al quedarse ciego. Es la imagen de la serenidad. Su rostro ajado por el tiempo es la expresión más pura de la felicidad…y de la fe. En un momento afirma: “el hombre moderno va mal porque ha perdido a Dios. Cuando un hombre abandona a Dios no tiene sentido la vida”.
Ante eso uno no puede más que asentir y emocionarse. El viejo monje pobre, miserable, ciego y sordo, recluido en un agujero perdido, pero feliz y profeta ha dicho la verdad mayor de la existencia: “Cuando un hombre abandona a Dios su vida no tiene sentido”. Y lo dice sonriendo con sus cerrados ojos, su rostro lleno de profundas arrugas y sus canosas cejas varias decenas de centímetros de largas. Es la sencillez más absoluta diciendo la mayor de las verdades.

La película sigue, regalándonos imágenes, sonidos, incluso aromas (se llega a oler el incienso de las celebraciones) que hay que ver sin ninguna duda.

Desconozco quien es director. No sé si es creyente o no. Si es católico o no. Si siempre se ha dedicado al cine o hace encaje de bolillos. Y tampoco me importa.
Lo que sí sé es que ha hecho una obra magistral absolutamente necesaria en los tiempos en los que vivimos. No por la falta de diálogos o el clima tranquilo de silencio en los 160 minutos de metraje. Sino porque sin haber historia te atrapa, te llega adentro, te emociona. Sale del cine contigo.
Te habla a lo más profundo del corazón. Dios mismo lo hace.
Y sólo puedes salir emocionado, repitiendo una y otra vez:

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”…

Por: lobogrino | General | Comentarios (9) | Referencias (0)

Martes, 16 de enero de 2007

INVERNÍA



Suenan las notas de esa melodía de Milladoiro que siempre me ha fascinado. Una de las músicas más mágicas que jamás he escuchado.
Suenan los acordes de “Invernía” en mis oídos, en mi mente y sobre todo en mi corazón cuando el autocar llega a Benavente.
Esta vez el viaje ha sido excepcionalmente tranquilo: prácticamente he dormido, sin descansar, durante las 11 largas horas de trayecto. Imagino que cansado del contratiempo del robo del teléfono la noche anterior. Cansado de la gran ciudad que desde mediados de noviembre se ha convertido en un enjambre de compradores compulsivos y un laberinto de luces de colores que producen jaqueca. Miles de estímulos visuales y sonoros desquiciantes destinados a que nos lancemos a comprar como posesos.
Pos eso: necesitaba salir de esa prisión prenavideña de grandes almacenes, estreses varios y necesidad de desconfiar de todo porque cualquier día te roban la camisa que llevas puesta sin que te enteres.

“Invernía”, además de una bellísima melodía de uno de los mejores grupos de música celta es el término con el que en El Valle de los Lobos se define un invierno frío.

Suena la música de Invernía cuando dejamos atrás la Meseta y nos acercamos al amado Valle de los Lobos. Suena Invernía mientras la vista contempla extasiada los campos cubiertos de escarcha, de neblina y cenceño. Fuera hay como 10 grados bajo cero y el cenceño de los bellos días nublados lo cubre todo. Es la imagen para esa canción.
En las últimas tres campanadas de la melodía llegamos al final del trayecto. Magnífico día gris de frío intenso y cálidos abrazos.
Y de nuevo en casa, la mirada de mamá, el abrazo de papá, el calor de la lumbre. El silencio del Pueblo. No hay luces de colores por las calles, no hay tiendas en las que comprar innecesariedades, no hay colas. Por no haber, casi no hay ni gente. Pero el aire es tan puro que duele al respirar, los saludos de los conocidos son tan auténticos que emocionan, el agua es tan limpia que lava todas las fatigas y el calor es tan humano que da autenticidad, vida y hace sentir bien.
Después de un rato de charla, como siempre, me acerco al cementerio para saludar a los mayores. Nunca se puede olvidar el recuerdo ni el cariño de los que nos han dado lo que tenemos.
Mamá está haciendo los botillos y toda la casa huele a adobo que alimenta. Como cuando éramos niños.
Por la tarde me acerco a ver los nuevos castaños que plantó papá unas semanas atrás. Voy algo ensimismado siguiendo el rastro reciente de un jabalí entre unas genistas. Me parece oír ruido de pisadas. Y cuando levanto la mirada les veo: dos majestuosos corzos jóvenes pasan tranquilos a 10 metros de mi, me miran altaneros y siguen su camino. Que diferente es esto de la ciudad donde unas horas antes me estaba peleando con una dependienta (con vocación de funcionaria) para que me duplicase la tarjeta del teléfono…
Luego con mamá, como siempre, pongo el árbol de Navidad y el Pesebre. Dentro de unos días vendrá Bruja y celebraremos la Navidad tranquilos, en familia.
Salgo a pasear entrada ya la noche: en el cielo negro relucen todas las estrellas del universo. Veo constelaciones, nebulosas, planetas, la amada Vía Láctea que se dirige al añorado Santiago. Ahora no toca. Pero pronto sí...
Hace tanto frío y el aire es tan puro que uno puede captar cientos de sensaciones inigualables: el canto del cárabo, el cercano berrido de los corzos, el aroma terroso de las hojas en descomposición por las que corretea un huidizo ratoncillo, el denso olor del musgo húmedo…
Luego habrá días para estar con los amigos en el bar, para cortar leña o arrancar arbustos, para reír con la familia y para trotar por los montes de día y de noche, para felicitar Navidad y Año, para comer las buenas roscas de pan recién hechas a las doce del mediodía, los suculentos guisos de mamá o beber a morro purísima agua helada de cualquier camino.
Hoy acabo de llegar de nuevo. Disfruto como siempre de la escarcha que empapa mis barbas en la fría noche mientras en mi mente y en mi corazón resuenan los mágicos acordes de Invernía en mi amado Valle de los Lobos, junto a los míos…

*- Foto: "Líquenes en los bosques de robles, junto al Pozo Verde". By: Lobogrino. 4-I-07. Regalo para Bruja.

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Miércoles, 13 de diciembre de 2006

TEN FE, JOSÉ…

Hacía frío aquel atardecer de principios de invierno. Llevaban horas viajando por caminos de piedras. Estaban cansados y hacía frío.

La pequeña aldea estaba llena de gente y no había sitio para ellos.

Alguien, tan pobre como la joven pareja, les permitió quedarse en un rincón. En la cueva donde guardaban el ganado.

- No puedo más, María. ¿Qué vamos a hacer?. Una ley absurda nos obliga a viajar hasta aquí. Tú en tu estado. Mis parientes no quieren saber nada. ¿Qué más puede pasar?.
- Ten fe, José. ¿Ves?. Nos dejan un rincón. Todo va a salir bien.
- Sí, María, tengo fe en ti porque te quiero. Pero Dios…Dios a veces se vuelve Silencio.
- Ten fe…


Pasada la media noche María empezaba a descansar. Nadie más que José y los animales oyeron sus gritos en la fría noche. No tenía más sábanas que la hierba seca y unos paños que había llevado consigo “por si acaso”. Ni más comadrona que su joven esposo.

A la luz de una breve antorcha amantaba por vez primera a su hijo.

- Ves José. Esto es lo único importante. Estamos los tres. El niño ha nacido bien. Está sano. Tiene todos los deditos. Estamos tú, el niño yo. Tenemos un techo y nuestro calor de familia. ¿Qué más podemos pedir?. Estar en esta cueva juntos es mucho mejor que todo el falso oro de los palacios de los reyes.
Anda, deja de limpiar y ven aquí a nuestro lado. ¿En qué piensas?.
- Pues sinceramente. Estaba pensando que si al niño le da por parecerse a Su Padre igual se vuelve invisible y dejamos de verlo aunque sabremos que por ahí andará….Jajajajajaja.
- ¡ Pero qué cosas tienes!. Por eso estoy contenta de haberme casado contigo. Pareces serio pero tienes un humor…
- Bueno y además soy guapo, y tengo un buen oficio, y soy joven. Jejeje. Yo creo que me enamoré de ti desde que jugábamos siendo niños. Cuando nuestras familias prepararon la boda fui el hombre más feliz del mundo. Era a ti a quien siempre quise.
- No voy a decir nada al respecto: ya lo sabes. ¿Qué es ese ruido?. ¿Quién viene?.


Antes del amanecer se marcharon. Habían preparado una fiesta como sólo la gente de verdad sabe hacer: compartiendo lo que tiene. Era sábado, el día sagrado de los judíos, y no se sacaba el ganado. María, José y el niño tenían un día entero para descansar de la ajetreada noche.

- ¿Qué ha ocurrido, María?. Dime que no ha sido un sueño. No, claro, los restos de queso, dátiles y las pieles de oveja siguen ahí.
- Te había dicho que tuvieses fe, José. Creo que empiezo a entender lo que ha pasado. Dios, ese Dios del silencio del que a menudo hablas, nos ha dado una pista de cómo quiere que eduquemos al niño.
- ¿Y qué tienen que ver unos pastores con la educación de nuestro hijo?. No lo entiendo.
- Verás: sabes de sobra que nadie quiere a los pastores. Les rechazamos incluso más que a los ladrones. Los pastores son pobres, sucios, no saben hablar ni comportarse, son agrestes, rudos, se pasan meses en las montañas. Todos sabemos que allí, lejos de las personas decentes, sin mujeres cerca, tienen relaciones entre ellos, en contra de lo que manda La Ley. También por eso les rechazamos. Porque son impuros, sucios y aberrantes.
- Sí. Todo eso lo sé. Por eso no entiendo por qué han venido. Se lo agradezco pero no lo entiendo.

- Es sencillo. Dios se les ha aparecido a ellos, a los que son rechazados por todos. Y a ellos les ha regalado conocer a Su Hijo. ¿No lo ves?. Dios nos ha puesto a prueba. Podía haber elegido nacer en un palacio rodeado de riquezas y poder. Pero nos ha elegido a ti y a mi: una pareja joven y pobre. Y nos ha enviado aquí, a una cueva de bestias para que su hijo naciese en la miseria y fuesen unos miserables a los que todo el mundo rechaza los que le diesen sus primeros regalos: calor humano y alegría de verdad.
¿A que hemos estado a gusto?, ¿a que tampoco son tan mala gente?. Para eso Dios ha querido todo esto. Tenemos que educar al niño a AMAR, así, con mayúsculas. Y sobre todo a que ame y enseñe a amar a los que nadie quiere.
Estoy agotada. Pero ha sido una noche tan especial. He tenido a mi hijo junto al hombre al que amo. Han venido unos desconocidos y compartiendo pobreza y alegría hemos tenido una fiesta como pocas. Porque cuando uno ama y se sabe amado no hacen falta dorados ni regalos de mentira: sólo personas. He sentido que Dios, ese Dios a menudo del silencio, escribe recto en las líneas torcidas de mi vida y me lleva siempre en la palma de su mano.
Aún nos queda mucho que pasar, mucho que no entender y mucho que sufrir. Pero ten fe, José. Vale la pena.

- Como quieras María. Junto a vosotros dos aprenderé a tener fe. Con la Madre y el Hijo de Dios, a mi lado como para no…
- Anda, deja de trastear y ven a nuestro lado. Que está amaneciendo y hace frío.



Amanecía un frío sábado de invierno en la perdida cueva de ganado de Palestina. Había sido una noche larga e intensa. Llena de vida, de calor y de amor.

Una noche que cambió la historia sin que nadie se percatase. Así es como actúa Dios: desde la autenticidad, la sencillez y el amor.
María, José y el Niño descansan juntos, felices.

Y lo siguen haciendo cada vez que nuestra Navidad, más allá de los ruidos y las luces es amor auténtico con los que hay a nuestro lado.

¡Feliz Navidad!.

*- Sin ningún otro escrito hasta después de Reyes: Feliz entrada de año y Felices Reyes a todos.

Por: lobogrino | General | Comentarios (11) | Referencias (0)

Jueves, 07 de diciembre de 2006

OBSERVANDO POR SANTA LLÚCIA

Primer domingo de diciembre. Acabo de volver de ver una exposición sobre Fragonard con Pejota y esposo. Aunque no es un pintor que me apasione he descubierto cosas interesantes…seguramente…
Camino del centro visito la exposición anual de fotografía de la revista Rutas del Mundo. Rostros y espectaculares paisajes de ensueño de todo el mundo. Me siento como un observador privilegiado.

Decido hacer de ello.

Bajo hasta la Plaza de la Catedral.
Domingo de multitudes de principios de invierno.
Paso junto a un hombre de color…negro…que suele ponerse a dar berridos por El Portal del Ángel. Ni él ni los que le escuchan ( e incluso le aplauden) se han dado cuenta que ser de color…negro…y berrear no quiere decir ser un genial cantante de Blues, o Jazz o como se llame eso. Cada vez que paso me molestan tanto esos patéticos quejidos que me apetece darle dinero para que se calle y no contamine con ese herrumbroso ruido. Eso o llevarle al hospital más cercano para que miren que le ocurre al lamentarse así (y de paso le extirpen las cuerdas bucales por el bien auditivo de la humanidad…A veces uno es algo bestia…).

Cerca de él un madurito con la cara pintada de blanco baila claqué sobre una plataforma mientras hace malabares botando tres o cuatro pelotas a la vez. Me quedo embobado mirándolo.

Llego por fin a la Plaza de la Catedral. No cabe una aguja.

Primera parada los sardanistas. Me fascina esa danza. La música es cautivadora y el movimiento de los pies totalmente mágico. Junto a la muñeira es de los bailes más bonitos que existen. Pero este es mucho más complicado. Una pena que en los círculos de danzantes la mayoría sea gente muy mayor. Me han intentado enseñar varias veces pero no me atrevo a poner mis cosas en el centro del corro y lanzarme a bailar. Quizá porque tengo menos sentido del ritmo que una farola…En uno de los círculos de danzantes un abuelo más viejo que el mundo y con párkinson no pierde el paso (¡que envidia!) junto a dos niñas de oscura tez que se mueven de fábula. Hablo del tema con una señora que me pone una pegatina en la solapa y durante largo rato contemplo hechizado las evoluciones de los danzantes en la envolvente música.
Me sitúo en un extremo de la plaza y observo.

Varios hombres y mujeres estatua hacen las delicias de grandes y niños; de turistas y de autóctonos.

Pasa un grupo de “Abrazos Gratis” con un equipo de televisión delante filmándoles. Van abrazando a todo el que se cruza. El periodista, micrófono en mano, haciéndoles repetir tomas.

Cruza la plaza deprisa una joven novia desvelada, es decir sin el velo que lleva el novio a su lado. Vienen en dirección al Ayuntamiento. Ella tiene los bajos del vestido sucios y el pelo mojado, él la chaqueta y el velo de ella en la mano. La corbata desanudada. Con ellos un señor mayor de barba que he visto hace un rato bailando sardanas. Todos serios. Caminando deprisa.
Quizá la boda no ha salido bien. Quizá se casaron ayer y regresan de la fiesta. Quizá son actores que van a trabajar….

Junto a los sardanistas una mujer inflando globos y haciendo con ellos figuras de goma de colores.

Pasa un grupo de guiris con sombreros mejicanos y de imposibles formas. Esos sombreros que sólo se pondría alguien de pocas luces o demasiado beodo, en un país extraño a la 1 de la tarde…

Subo hacia el mercado de Santa Llúcia a ver pesebres.

Bajo una de las ventanas góticas de un flamígero casi aéreo, del Archivo Histórico de la Ciudad; como los ángeles tocan el xilofón dos jóvenes rubias para deleite de paseantes. Esta música también embriaga y transporta a mundos etéreos y mágicos de princesas medievales, de hadas y elfos.

Me adentro por el laberinto de callecitas de los puestos. Pesebres y más pesebres. No miro los de lucecitas y Papa Noëles que me hastían. Pero me paro en todos los de pesebres. A su alrededor se agolpan familias con niños en cochecitos, jóvenes, ancianos, parejas de toda índole y solitarios. Todos buscando y mirando figuras. Cientos, miles de figuras. De todas las formas, tamaños y para todos los gustos. Pesebres enormes y mucho más pequeños que un dedal. Pesebres clásicos y ultramodernos. De plástico, de cerámica y de plata. Serios y con guiños a la ironía….El pesebre que no esté aquí no existe.
Y por supuesto los asqueantes “caganers”. Me gusta la figura clásica del “caganer” con “barretina”. Pero eso de poner al Principito y la Leti, al presidente americano, a Rajoy, a un jugador de fútbol al Papa o a los miembros del Tripartit…Es el colmo del cutrerío, la chabacanería y el mal gusto. Y lo peor es que hay gente que se gasta dinero en esa majadería…
Un ente extraño con aspecto de ser humano masculino quiere uno de Artur Mas o del anterior Papa. Observo la escena: el tío de aflautada voz empecinado y la paciente vendedora intentando hacerle entender que esas figuras estuvieron de moda otros años pero que este ya no. Surrealista. Cutre y surrealista.

Paso por los puestos de árboles y de muérdago. Estos están menos concurridos. Básicamente por padres de familia de gesto resignado y señoras que dan órdenes…disfrazadas de consejos...

Vuelvo a mi rincón a observar.

Los “Abrazadores gratuitos” siguen grabando el programa (se ve que no les sale como quiere el periodista).
Las estatuas humanas continúan mientras van y vienen familias con niños y cochecitos, parejas de dos hombres cogidos de la mano con ternura, turistas con planos en la mano y japoneses de cámaras adosadas, paseantes de domingo relajados, niños con abuelos, gente que vuelve de Misa…

Miles de personas en un espacio reducido.

La señora de los globos de colores sigue con su trabajo, los sardanistas bailando, los papás que llevan esos pinos enormes con sus caras resignadas, más parejas de la mano, sin importar el sexo.

Cientos de historias, cientos de vidas interesantes que pasan.
Es lo que me fascina de esta ciudad.

Yo en un rincón observando.

No muy lejos un hombre con oscuras gafas de sol observa la plaza, la gente, los puestos…

Me observa también a mi…

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Viernes, 01 de diciembre de 2006

SI(GO) DA(NDO)…

Os voy a contar algo de mí que de sobra sabéis.
Aparecí en la escena dramática mundial como gran protagonista a principios de los años ochenta. Más bien me hicieron aparecer. Puesto que fui creado. No por la sabia naturaleza sino que algún humano, jugando a ser Dios, me inventó de forma artificial.

En ese primer momento de desconcierto fui la excusa perfecta para que marginasen más a los ya marginados homosexuales. Yo era la consecuencia y el castigo justo de sus depravados actos.
Me fui extendiendo rápidamente…
En esos años ochenta muchos cayeron de golpe. Todos homosexuales. Hasta que empezaron a caer los toxicómanos. Y seguía siendo el justo castigo a los degenerados. Los maricones drogadictos morían “justamente” por mi culpa.

A finales de esa década y principios de la siguiente empezaron a considerarme como lo que realmente soy. Un simple virus mutado artificialmente que no discrimina a nadie por la condición sexual.
Los homosexuales y los drogadictos se protegían y empecé a hacer estragos entre los heterosexuales. Se ve que a veces en los humanos las cosas no son tan claras y hay drogadictos y homosexuales que también se acuestan con mujeres…
Entonces dejé de ser un “castigo justo” para convertirme en un drama a escala planetaria totalmente injusto. Mira tú por dónde…
Pero a los gays nadie les pidió perdón…una vez más.

En los noventa todo el mundo me temía. El sexo se veía con miedo y todo eran precauciones. Bueno, eso en los países ricos, claro. En ciertos lugares del llamado Tercer Mundo se siguen teniendo aún hoy violan a una joven virgen para curar la enfermedad….
Y el caso es que yo nunca he matado a nadie…La gente no se muere de SIDA. Los enfermos de SIDA se pueden morir de un simple resfriado, pero no de SIDA. Yo sólo destruyo sus defensas…

¿Y en los años dos mil?. En los años dos mil el despiporre. Han aparecido medicamentos (caros y de tratamientos difíciles de seguir) que si bien no me destruyen sí que alargan la vida de los enfermos. En los dos mil SIDA ya no es sinónimo de muerte como en los ochenta.
Han pasado más de veinte años y muchos jóvenes me ven como una enfermedad crónica más, como la gripe de invierno, vamos. Y no me temen. ¡Que equivocados están!. Si a eso unimos que durante ocho agónicos años de desgobierno no ha habido campañas de prevención el resultado es: de nuevo un drama…pe pero menos: que hay medicinas…
Y eso es lo malo. A la potente Industria Farmacéutica no le interesa nada que se acabe conmigo para poder seguir haciéndose de oro gracias a los caros tratamientos.

Mucho se ha especulado sobre mi origen: que si una mutación espontánea de un virus, que si el virus de un mono que pasó a los humanos en África, que si un producto de guerra bacteriológica,…

No quiero ser mal pensado pero mi aparición hizo que:
- Se discriminara aún más al colectivo homosexual. De tal forma que incluso hoy sigue habiendo quien cree que entre los homosexuales hay más SIDA que entre los heterosexuales cuando eso es mentira.
- Muchos homosexuales murieran.
- La población de la mitad de África y de China tenga el virus en la sangre. Lo cual a medio/largo plazo servirá de “control demográfico”.
- La potente Industria Farmacéutica se aún enriquezca más.

En la actualidad vuelvo a resurgir, tras un aparente estancamiento durante la década de los noventa. Y lo hago con fuerza entre las mujeres y los jóvenes. Estos, se preocupan más por los embarazos no deseados y por buscar la “píldora del día siguiente” que por mi. No saben lo que hacen.
Soy un problema de todos y todas las personas son responsables ante mi.
Soy un problema, una pandemia y un drama. Sí. Pero no soy la peste.
Entre rechazar darle la mano a un seropositivo y tener relaciones sexuales despreocupadamente con cualquiera sin utilizar las debidas protecciones está lo que debe hacerse.
Soy un problema de todos y curiosamente, el día 1 de diciembre, en las calles de las ciudades, la mayoría de los que informan sobre mi son colectivos homosexuales…
Sólo os pido dos cosas:
- No bajéis la guardia. Nunca.
- Un recuerdo por los que sufrieron enfermedad y rechazo y ya no están.
Feliz día 1 de diciembre.

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Sábado, 25 de noviembre de 2006

EMBARAZADA…



María está embarazada.
Su vientre de cristal de embarazada
gesta un hijo…
…de Dios…
Es joven, pero no una niña.
Es de pueblo, pero no tonta.
Es bella, pero no frágil.
Y está embarazada.

Pronto se casará con el hombre de su vida.
¿Cómo decirle que el hijo que bendice desde su vientre no es suyo?. ¿Cómo explicarle que es de un Dios, a menudo del silencio, que escribe recto en las líneas torcidas de la vida de quienes lo aman?. ¿Cómo argumentarle que ella ha sido tan fuerte como para responder a ese Dios oculto y amante: “me fío de Ti”; y esa confianza cambiará la historia?.

José, joven, inteligente y fuerte, como María, no necesita explicaciones. La ama y se siente amado. Y amándola a ella ama al hijo que criará, educará y será también suyo. Al amor le sobran explicaciones.

Y María embarazada.
El vientre frágil desarrollándose le obliga a pensar, a imaginar lo que ocurrirá como a cualquier futura madre.

Pronto llegarán las penalidades.
Parirá en medio de la miseria y el rechazo, el amor y la autenticidad. Y luego otros lo utilizarán, despojándolo de sentido, para vender innecesariedades y encender lucecitas absurdas.

Suma y sigue dureza y amor.

Lejos queda aún el dolor más grande: abrazar piadosamente el cuerpo del Hijo destrozado por los intolerantes. Y pensar que todo ha sido absurdo.
Y la recompensa infinita al comprobar como el mal, el dolor y la muerte no han vencido y todo ha valido la pena.

Más lejos están aún los tiempos en los que la disfracen de oropeles. La multipliquen por infinito otorgándole atributos de ancestrales diosas. Le construyan miles de altares. Se peleen por tocar el manto de hilos de oro que nunca tuvo ni tendría. La pinten demasiado joven o demasiado vieja, demasiado rubia o demasiado negra. Hilando o leyendo. Se la imaginen encaramada a árboles o rocas envuelta en luz para otorgar milagros a cambio de extraños sacrificios. Siempre sola, sin su amado José. Siempre sufriendo. Jueza y reina. A menudo con más de espina que de rosa.

Lejos quedan todavía esos tiempos en los que “sólo servirá” para rezar “Avemarías” desencarnadas que pretenden obtener deseos, cual “sibila adaptada a otros tiempos”...

Hoy María es real.
Y está embarazada.
Es joven, pero no una niña.
Es de pueblo, pero no tonta.
Es bella, pero no frágil.

Quizá no sepa leer. Quizá no vista a la moda de la época. Quizá tenga las manos endurecidas por el trabajo. Quizá…

Pero es feliz.
Ama al hijo que lleva dentro. Que bendice desde su vientre de cristal, como de cualquier embarazada.
Ama al Dios al que dio una lección de valentía diciéndole: “Me fío sin conocerte. Y sin conocerte te amo”.
Ama al hombre con el que compartirá su vida. Amándose. Educando en ese amor y esa libertad que se tienen al Hijo de Dios…y de ambos.
Ama profundamente la vida.
Por eso se fió de Dios.
Y será feliz.
Está embarazada.
Será la Madre del Hijo de Dios.
La Madre de Dios mismo que la eligió a ella por su valentía para que todos estuviésemos más cerca de Él.

Y no deja de ser una mujer…
…valiente.
Que está embarazada…

- Foto: “Virgen de la Esperanza”. Talla policromada y dorada del siglo XVII (*Aclaración de la buena amiga Pon: mil gracias). Museo del Monasterio de Sant Joan de les Abadesses. Girona.
©- Lobogrino.

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Lunes, 20 de noviembre de 2006

PATATAS, LAGARTOS Y CEBOLLAS

10- Septiembre- 2006.

No se trata de ninguna receta de Nouvelle Cuisine, aunque igual si le doy la idea a Ferrán Adriá y similares añaden un frusfrús de “Chocolat a la Mènthe” convenientemente glacée en “gotas artificiosamente naturales”, unas hojas de escaramujo caramelizadas y se forran con el invento. Eso sí poca cantidad en plato cuadrado y enorme, muy a lo japo…

Antes que nada me permito un apunte más o menos erudito (más bien menos) sobre los términos:

- Cebolla: se puede comer hasta cruda, que es como está más buena. Al pelarla lloras, vete a saber porqué. El zumo además de un olor un tanto fuerte es algo pegajoso. Se planta una planta delgadita y se recoge una cosa gorda redonda con tallos que también huelen a cebolla. Las hay blancas y rojas. El resto de características no importan para este escrito.

- Lagarto: un animalito (un reptil con patitas) en vías de extinción por destrucción del hábitat. Muy útil en los huertos y sembrados puesto se come los ratoncitos que acaban con las cosechas. Se reproduce por los huevos (como la mayoría de seres vivos…) que deja en nidos enterrados. El resto de características tampoco importan.

- Patata: ese denostado tubérculo es al que le debemos la vida tan cómoda que tenemos en la actualidad. Me explico: desde que se descubrió América en el s. XV hasta finales del s. XVII pasó de ser una planta ornamental de flores raras a un apreciado y costoso manjar de reyes y nobles. A finales del s. XVII el rey francés de turno permite que las semillas de patata (patatas pequeñas) se puedan entregar al pueblo llano. Eso hace que se acaben las hambrunas que azotaban Europa intermitentemente desde siempre, ya que el vegetal soporta unas condiciones climáticas más duras que el trigo. La humilde y fea patata se convierte en “el pan de los pobres”. Con la gente mejor alimentada se produce la Revolución Demográfica. Se puedan descubrir cosas y por tanto la Revolución Industrial y de ahí al MP3… La patata ha sido una de las cosas más útiles que ha tenido la humanidad en toda su historia.

Día cuatro de septiembre. Valle de los Lobos. Antes de las siete de la mañana. De noche aún. Se abre la puerta del cuarto. Una voz: “Venga que se hace tarde”. Este es mi padre. Un puro nervio a sus muchos años de experiencia y sabiduría. Parece que no se canse nunca.
Como un zombi me visto y me lavo la cara. En el garaje, de manera mecánica, me calzo las botas viejas.
Sigue siendo de noche cuando el carretillo con las guinchas, los sacos y los cestos baja por la cuesta hasta el huerto.
Aún es de noche cuando empezamos el trabajo.
Comenzamos expectantes. En silencio. Mirando con curiosidad y miedo los dones que nos regala la tierra a cambio de trabajo y cuidados. “¿Cómo será la cosecha de este año?”. Las primeras son grandes. – “En este fondo del huerto hay más humedad. Mejor no ilusionarse”. Pero son buenas. Muy buenas.
Algunas de las primeras en salir, como aún hay poca luz, se rozan y se cortan con el apero que las saca. Hay que llevar sumo cuidado.
A la media hora de empezar el duro trabajo no sientes la espalda ni los riñones de puro dolor. Las manos duelen incluso con los guantes de cuero que las protegen. El salado sudor empapa y fertiliza la tierra.
A las 11 de la mañana el calor asfixiante hace imposible seguir.
- “Habrá que continuar mañana”.
Se van llenando los sacos con la buena cosecha. Papá y mamá me ayudan a cargarlos al hombro para llegar a la carretilla. Subo dos sacos de cada vez y vuelvo por más viajes hasta que están todas en su sitio en la bodega.
Una cerveza con gaseosa, un bocadillo de chorizo y unas magdalenas recién hechas por desayuno casi a mediodía. Una ducha. Y como nuevo: esa tarde también tocó hacer kilómetros por el monte en pos de algún veloz corzo.

Suena el despertador. De noche aún. Una puerta se abre: - “Venga que hay que acabar”. Otra vez las botas, los sacos, los cestos, la carretilla. Otra vez buenas patatas. Sudor a mares que vuelve a empapar y fecundar tierra.
De repente un pequeño lagarto, luego tres más. Junto a un patatal había un nido. Deben tener un par de días. Con sumo cuidado recojo a los verdes, escamosos y pataleantes “bebés” uno a uno y los deposito en lugar seguro. En unas matas de hierba cercanas. Además de bonitos son la mar de útiles y sus nidos enterrados ventilan la tierra. Las patatas que crecían junto a ellos eran grandes y buenas.
Hay menos trabajo. Acabamos pronto. Pero la espalda duele tanto o más que ayer.
Subimos a quitar las cebollas. Con sumo cuidado de no picarlas ni romper los tallos para que se puedan liar luego en ristras y así aguanten todo el año. Con la tercera cebolla sacada el entorno se perfuma de manera fabulosa. Huele a tierra húmeda y a cebolla; a patatas y a lagartos recién salidos del huevo. Respiro profundamente, capto por separado cada uno de esos aromas y me dejo embriagar por ellos. El dulce aroma de las cebollas y la tierra me transporta al mundo de la realidad de los míos. A ese mundo que no sé ni quiero encontrarme en una ciudad. Tan artificial. Tan llena de limpieza. De metal y falsedad enmascarada.
Mis manos tienen una costra de savia de patata, de miedo de lagarto y de zumo de cebolla mezclada con tierra y polvo de esparto de los sacos. Acerco esa costra a la cara, la extiendo cual producto hidratante (seguramente de la mejor calidad) y me dejo llevar por la vida.
Miro. Junto a mí mi padre. Trabajando. Por allí mi madre. Entre los tomates. Delante el paisaje espectacular de la montaña del Valle de los Lobos. Mis pies enterrados en blanda y húmeda tierra. El aire de la mañana calurosa me envuelve. Pienso en Bruja que estaría encantada de disfrutar ese momento y que lo hará al leer esto. La tierra, los míos y El Buen Dios que me regala todo esto.
Si ahora se acabase el mundo habría valido la pena vivir sólo por este instante de realidad. Con sabor a patatas lagartos y cebollas...

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Lunes, 13 de noviembre de 2006

HE BAJADO AL BOSQUE

9-Agosto-2006

He bajado al bosque.
A buscar ramas de avellano para hacer un bordón.
Aunque no necesito motivo para ir al bosque.
Un herrerillo se acicala las plumas en una cercana rama.

Se sabe observado y suelta sus gorgoritos para ser admirado.

Embelesado contemplo las evoluciones de las truchas en un remanso del río.
¡Quien pudiese nadar tan bien!.


Un soberbio corzo sale de entre unos arbustos junto al río y berrea molesto por mi presencia.
Continúo el paseo.
En un charco del camino una abeja patalea a punto de ahogarse. Le ofrezco el palo. Se agarra a él. Con sumo cuidado la deposito en una hierba. Al momento, con las alas secas, vuelve volando a sus cosas. Me siento bien: las abejas son importantes: además de la miel, la cera y el polen, hacen que las flores se puedan reproducir. Es un animalito que me parece de lo más útil. De haber sido una avispa la hubiese dejado…aunque también tienen su utilidad: comen moscas y mosquitos….
Todo en el bosque tiene su función.
Miro sin interés los avellanos que no me ofrecen lo que busco. Me adentro por el monte. El sendero desaparece de repente en medio de un impenetrable bosque de robles, helechos y genista.
Sólo breves sendas de corzos hacia bajan hacia el río.
La maraña de vegetación lo cubre todo.



Mientras lucho sin éxito con los endemoniados y enervantes mosquitos trompeteros piso una zarza que salta y me pela una rodilla y parte del gemelo. La dulce sangre de la piel levantada fluye en abundancia. Al mínimo descuido las moscas se agolpan golosas a chupar el rojo líquido.
Tenía razón papá: hay que llevar pantalones largos en ciertos lugares. Siempre aprendiendo de quien más sabe.
Los troncos de los viejos robles tienen formas caprichosas que contemplo embelesado. Los verdes helechos alturas considerables que me permiten pasar por debajo.
Me acerco al río. Me desnudo. Escondo la ropa bajo unas espesas hierbas.
El agua fría descongestiona los pies. Cojo un puñado de saponaria, la mojo y la froto contra una piedra. Aplico la espuma como mascarilla en mis pies y la dejo secar. Vuelvo al agua. Bajo unos metros por el río hasta una pequeña cascada junto a una poza. Mi cuerpo agradece ese agua casi helada. Las raspaduras de las piernas y las heridas de la rodilla se han cerrado al contacto con el agua gélida.
Me seco al sol y al aire. Regreso.
Pasando entre dos robles oigo el crujir de una tela de araña que he roto sin ver. Los pegajosos hilos se enredan por mis brazos y mi cara. No veo a la ingeniera tejedora pero le pido perdón por destrozar su obra.
A la vuelta, con unas amigas que encuentro en el camino, comemos manzanas verdes de un viejo manzano. Como cuando éramos niños.
He ido al bosque como cientos y miles de veces en mi vida. Y como esos cientos de veces cada excursión intranscendente por los bosques se convierte en un montón de sensaciones (no todas agradables) que me hacen sentir tremendamente vivo y absolutamente pleno.
Agradezco a Dios haberme regalado el don de poder sentirlas y valorarlas.

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Lunes, 06 de noviembre de 2006

TELURIA



El aprendiz de brujo entró, para dar gracias, bajo las largas ramas del Tejo milenario del espacio sagrado de la aldea.
En aquel momento notó como las suaves ramas de perennes hojas acariciaban dulcemente su cabeza y sintió la amorosa caricia del Buen Dios. En ese mismo instante un grito de la luna le hizo girarse para ver como las nubes que tapaban aquella hermosa luna llena de principios de septiembre formaban un perfecto Ave Fénix.
El aprendiz de brujo se había acercado al Tejo milenario para pedirle un trozo de una de sus ramas y que así su energía estuviese con él en la distancia.
Aquella noche tenía algo de mágica. La enorme luna llena hacía fluir toda la energía. Mientras el hombre cortaba las ramas oyó ruido en la lejana casa de los jóvenes: -“quizá María esté pariendo ya”-pensó-.
Con su rama-varita en una mano y el péndulo de cuarzo en la otra paseó por el Espacio Sagrado que rodea al templo. El péndulo no paraba de oscilar percibiendo la enorme energía de aquel lugar y aquella noche. Los trozos de rama emanaban poder.
Cuando entró de nuevo bajo el Tejo para darle las gracias, en su mente resonaba como un mantra un estribillo mil veces escuchado:

“O que esquece as súas raíces
perde a súa identidade”.
Seguidos de la retahíla de “ailalás” femeninos.

Mientras notaba la caricia del viejo Tejo miró hacia la espesura de sus ramas para dar gracias al Buen Dios por haber puesto sus suaves dedos sobre la insignificante cabeza. La caricia del Dios Inmortal a un pobre hombre por medio del milenario árbol de los muertos y de la eternidad.
Cuando salió el Ave Fénix que ocultaba a la Luna había mudado en un delfín y una ardilla que lo abrazaba. Al poco emergió tras ellos la majestuosa Luna tapada en parte sólo por una liviana nubecilla en forma de paloma.
Las formas nebulares tampoco eran casuales.
El aprendiz de brujo fue a la puerta sur del Templo. Allí dejó que los rayos del Espejo Celeste acariciasen durante largo tiempo su rostro y sus brazos extendidos en forma de cruz. Se acercó el trozo de Tejo a la nariz. El dulce, agrio y terroso olor de la corteza le embriagó, como también el vivo y fresco aroma de la Luna Llena a hielo y a hierbabuena.
Sin duda aquella mágica noche olía a Luna Llena y a Tejo Milenario cargados de fuerza y de teluria.

Al día siguiente el hombre fue al viejo castro celta.
Siempre le había sobrecogido aquel lugar: lejos de todos los núcleos habitados, tras un denso bosque de robles helechos y castaños, en una perfecta curva de ballesta del orgulloso río.
No se trataba de un castro celta al uso. Los arqueólogos, debidos a intereses políticos, habían manipulado los restos y concluido que allí no había nada de interés.
Pero el aprendiz de brujo siempre supo que aquel lugar tenía una magia especial. Imposible acceso por tres de los cuatro flancos debido a una pendiente salvaje y doble muralla con doble foso con hiladas de piedras clavadas entre ellos para proteger…cuatro minúsculas casas…Ya desde niño, mucho tiempo atrás, había sentido la fuerza salvaje y arcaica de aquel sitio apartado de todos los lugares. Y justo en su base: una poza del río, de enorme profundidad, aguas negras y sensación inquietante; lugar de extrañas y antiguas leyendas.
El hombre se paseó por todos los recintos del castro celta. El péndulo de cuarzo oscilaba vehemente en su mano. Mientras notaba que la fuerza contenida en aquel lugar olvidado pasaba a través de todo su cuerpo.



Dos días más tarde, con todo lo aprendido se atrevió a subir al Bosque, en busca del roble que antaño había amado. Aquel estío no había podido encontrarlo y se había llegado a preocupar. La primera ver había sido cubierto por un enjambre de moscas que se metían por todos los rincones de su ropa y de su cuerpo. Tenía prisa, quería hacer fotos a “su” roble. Y las moscas, salidas como de la nada, casi le llevan a la locura, corriendo durante casi una hora como un poseso y sin mirar, por un enmarañado bosque lejos de todos los sitios. Pocas veces en su vida había sentido tanta angustia.
La segunda vez “se perdió” en el bosque que conocía mejor que la palma de su mano y casi se le echa la noche encima.
La tercera vez fue peor: calculó todas las direcciones, todos los caminos, salió de casa con tiempo suficiente y preparado para ahuyentar las moscas. Pero simplemente el bosque “se cerró” ante él en cada paso que daba. Hasta tal punto que cuando pudo salir a la pista que le devolvía a la aldea iba sangrando por los brazos, las piernas y la cara por haber tenido que pasar entre unos arbustos espinosos que no había visto nunca.

Aquel día iba tranquilo. Sabía que el claro del bosque sólo aparecería si tenía que hacerlo. Trepó a una gran roca y pidió a la Madre Tierra que le concediese el regalo de hallar el claro donde estaba el roble amado. El péndulo de cuarzo no paraba de oscilar con fuerza.
Subió por en línea recta por el frondoso bosque de robles y helechos. Iba despacio, tranquilo, sabiendo que pasaría lo que debería pasar. Al llegar a un círculo de siete jóvenes robles entró dentro. El péndulo en una mano, el bastón de castaño en la otra clavado en la tierra. Volvió a pedir el regalo de encontrar el claro del bosque donde había reposado su ánimo en tantas ocasiones. En ese momento oyó un ruido. Miró. Hacia abajo. Como a 50 metros un majestuoso corzo le observaba. Lentamente se retiró y tras él estaba el viejo y espectacular roble.
El aprendiz de brujo recogió tranquilo sus cosas y salió del círculo, no estaba seguro de que aquello fuese real o sólo producto de su deseo.
Bajó despacio y se encontró con el árbol amigo. Lo abrazó y trepó al nudo donde tantas veces había reposado. Allí durante horas, sintió la misma fuerza que tres días antes había notado en el Sagrado del Templo y luego en el castro celta.
Al bajar del roble, caminar descalzo por la hierba del claro y subir a la gigantesca roca entendió la lección: un hombre no es más que un hombre.
La obra del Gran Padre Dios no le pertenece. La Madre tierra no es de ningún humano.
Como el Roble del recóndito bosque que no era “su” roble por más que lo amase.
Aprendió que un hombre siempre tiene que aprender.
Que la naturaleza siempre será más sabia que los hombres por más que estos tengan la capacidad de destruirla.
Aprendió que al monte se debe ir sin prisas y con mucho respeto. Que hay que escuchar su lenguaje. Que no es un medio para la diversión de seres humanos aburridos, sino un fin en sí mismo y los humanos son simples invitados.

El aprendiz de brujo después de sentir la caricia del Buen Padre Dios en forma de ramas de tejo, después de leer el mensaje de las nubes con la luna, después de percibir la vida de sus ancestros en el castro celta, y tras aprender la lección dada por el bosque y el roble, se sintió mucho más persona, mucho más hombre. Y siguió aprendiendo a vivir la naturaleza con humildad, admiración y profundo respeto hacia cada uno de sus elementos.
Sin duda fue una buena lección.

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Jueves, 26 de octubre de 2006

CUENTO CHINO...

Jorge Tricornio quería un niño chino. La primera vez que había visto una de aquellas viejas huchas de cerámica del Domund lo había decidido. Desde aquella primera vez siempre lo pedía con ahínco como regalo a los Reyes Magos. Pero nunca llegaba. De adulto comprendió la manera de tener un niño chino. Pero no le gustaban las chinas ni fumadas; y menos en los zapatos…
Un día, mientras trabajaba en la gris oficina tuvo una idea…
Al cabo de un tiempo se fue a China. Buscó a unos humildes campesinos de la región interior de Chincholo (que la traducción sonaría como “Chinchorro”) y les cambió a su hijo mayor por una docena de bicicletas Orbea Superstar modelo 73 y por veinte cajas de calamares congelados para que acompañasen el arroz.
Lo primero que hizo fue irse a buscar a un misionero del Domund para que se lo acristianase y le puso de nombre Rodrigo Ramiro.
Para solucionar el problema de sacarlo del país lo travistió de niña, que estas se ve que sobran allí, le vendó los pies, le puso un kimono o algo parecido y le pintó la cara. De esa guisa les dejaron salir.
Al llegar al aeropuerto del Prat de Barcelona vio a dos mujeres de Ciudad Real, con su pañuelo en la cabeza, junto a la cinta de equipajes. Cuando pasó el suyo lo cogió pero ¿cuál sería su sorpresa al volverse y ver que su hijo Rodrigo Ramiro había desaparecido y que su mano agarraba una gran muñeca chochona?.
Como había sido una adopción ilegal, así como la de La Pantoja y otros famosos, no podía denunciarlo y se puso a buscarlo con ahínco.
Las mujeres de Ciudad Real se llevaron a Rodrigo Ramiro a su destartalado piso del Raval de Barcelona. Allí le criaron como a una princesa oriental y a los trece años le pusieron a prostituirse como travestí por el Barrio Chino de Barcelona. Su nombre de guerra era La Chochazo de Las Ramblas, por las considerables medidas de su órgano sexual, no precisamente femenino, bastante excepcionales en alguien su raza.
Rodrigo, al que las de Ciudad Real habían puesto Ruperto, como su padre, DEP, un día vio a una monja con una guitarra cantando “Yo tengo un gozo en el alma” en un banco de la Plaza Real rodeada de inocentes niños y decidió hacerse monja. Con lo que había ahorrado de los últimos clientes se escapó y se fue en autobús a Albacete. Se dirigió al convento de las Hermanas Adoratrices de la Llaga Sangrante del Costado. Le atendió Sor Raimunda, la superiora, a la que todas las hermanas, según decían por acento valenciano, llamaban pronunciando la “S” como Z”…
Zor Raimunda, que era como sonaba, tras ver su barba de tres días e inspeccionarle, no sin deleite, los bajos le aconsejó como más apropiado ir al convento de frailes de la acera de enfrente…a la del su propio convento, se entiende.
Allí, en los Hermanitos Pobres del Niño Jesús Descalzo, nuestro amigo fue admitido y empezó a ser feliz. Hasta que llegó el superior que estaba de visita misional por Cuba. Al Padre Grasas, que anteriormente había sido expulsado de la Diócesis Castrense de Guadalajara por ponerle una plancha en las nalgas a un soldado mientras le cosía los 21 botones de la sotana, no le gustó nada que Ruperto estuviese allí porque era profundamente racista y xenófobo. Con lo cual le obligaba a los trabajos más duros y siempre le estaba humillando. Ruperto se sacrificaba. Hasta que un día le vio encargar por el Teletienda una plancha de vapor ultramega fuerte. Temiendo por sus nalgas decidió escapar. Para ello contó con la ayuda la cocinera sordomuda, que era hija de Sor Raimunda (o ZorRaimunda, que decían sus monjas) y el Padre Grasas una noche en que este, volviendo del parque no vio por que acera iba y se equivocó de convento.
Esta cocinera tampoco era sordomuda sino que le habían crecido los dientes en horizontal y no podía hablar bien.
Salen del convento y tras robar una cabra de un prado y encontrarse una pandereta de plástico de color verde logran sobrevivir.

Mientras tanto Jorge Tricornio, que no había dejado de buscar a su hijo: por todos los bares y locales de alterne de Malasaña y de Sevilla, había hecho negocios. Montó una inmobiliaria y se dedicó a desalojar a las abuelas de las casas del Raval de Barcelona para hacer lofts de lujo. También vendió los terrenos de un pueblo de Ciudad Real para hacer urbanizaciones con campos de golf.
Jorge, volviendo de uno de sus viajes de negocios, recaló una noche en un club de alterne de Alfajarín, en Zaragoza. Allí vió al chino que lo regentaba. Cuando fue a pagar el chino se fijó en un minúsculo lunar de una mano con seis dedos de aquel cliente. Aquel lunar tan extraño le recuordó algo…
A los pocos días se acordó: muchos años atrás, siendo un niño, alguien con ese lunar en una mano de seis dedos le dio a sus padres una docena de bicicletas Orbea Superstar modelo 73 y veinte cajas de calamares congelados y se lo llevó a Barcelona. Rodrigo, que seguía llamándose Ruperto Retuerta, siguió el rastro de la tarjeta de crédito de Jorge y pocos días más tarde lo encontró en el lecho de muerte, agonizando. Poco antes de expirar se contaron todo lo vivido y se dijeron lo mucho que se querían.
Rodrigo, ya con su verdadero nombre, fue el heredero de una boyante empresa. En su loft del La Rambla del Raval puso a trabajar fregando el suelo de rodillas a dos ancianas de Ciudad Real con pañuelo.Y en su chalet del pueblo puso a cortar el césped del campo del golf con cortaúñas a un ex fraile al que habían echado del convento por quemar con una plancha las nalgas de otro mientras se ataba la sandalia.
Pero nunca supo porqué narices tuvieron que sacarle de China con lo que le gustaba el arroz…

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Miércoles, 18 de octubre de 2006

MARIQUITA AMARILLA EN LOS ALPES

El flamante Citrôën negro llegó al aparcamiento.
Estaban a los pies de la imponente montaña alpina.
Habían decidido ir a pasar el día ascendiendo a la cima de la mítica montaña.
Missis Shara y Sir Edmun eran dos urbanitas a los que, no obstante, picaba la curiosidad por la aventura montañera.
En cambio Lady Lo y Sir Luik-Holmes eran intrépidos y experimentados montañeros.
Con ellos viajaban la joven Eire, una bella joven de cantarín acento llegada de lejanas y míticas tierras, y Desmon-Table, un aventurero aficionado al monte.
Poco después de salir, y tras atravesar el bonito pueblo, lugar de vacaciones estivales de la burguesía de la gran urbe, paráronse un instante junto a una fuente donde otrora habían sonado vientos agarbanzados.
Lady Lo y Desmon-Table quitáronse las perneras de los pantalones, desmontables, para así ascender de forma más cómoda.
El grupo se fragmentó. Missis Shara y Sir Edmun despacio, disfrutando de cada paso y sintiendo el propio cuerpo al darlos.
Lady Lo y Sir Luik-Holmes procurando no desandar demasiado para compartir conversación con sus amigos.
La joven Eire, como por ensalmo, desapareció de la vista.
Desmon-Table, entretúvose a contemplar los bellos colores dorados del otoño mientras aún podía percibir el aroma a pino caliente, que su buena amiga Lady Lo también notó, de los estertores del cálido estío.
En un recodo del camino Desmon-Table vio la huella de un ciervo. En ese momento un escalofrío le recorrió la espina dorsal y un rayo de lucidez atravesó su cerebro. La joven Eire. Por supuesto. Al quedarse sola había dejado fluir su magia y se había transformado en gacela libre ascendiendo las alpinas cumbres. Para Desmon-Table no había posibilidad de duda.
Él aún joven aventurero, curtido durante años en montes y montañas de todo el mundo no podía seguir el paso de la bella y aparentemente frágil joven.
Más adelante, junto a un antiguo puente, escuchó una melódica voz que le transportaba a mágicos momentos de extraños rincones amados.
Y la vio. O creyó verla. Una bella anjana cantaba desde una piedra junto al río y se dejó transportar por la magia y bailó al ritmo de la dulce voz.
Cuando aparecieron Sir Luik- Holmes y Lady Lo Desmon-Table se dio cuenta que era la joven Eire que descansaba en una piedra junto al río tarareando canciones de su lejana tierra.
En aquel puente Missis Shara y Sir Edmun decidieron volverse puesto que la montaña llama a quien y cuando debe; y las experiencias son buenas en su justa medida.
Lady Lo y Sir Luik-Holmes continuaron el ascenso. En un punto decidieron volverse para acompañar a sus amigos y Desmon-Table volvió a apretar el paso para caminar junto a su amiga.
El paisaje era espectacular, tras la subida. El cielo azul intenso, los verdes como surgidos de la paleta de un pintor, el río bajaba clamando soberbio, los dorados y marrones del otoño de ensueño y por encima de ellos las cimas inmaculadas de las montañas alpinas.
Los dos jóvenes llegaron al circo impresionante que era el valle glacial. El destartalado tren cremallera estaba en obras con lo cual apenas había gente y las tiendas de turistas, afortunadamente, estaban cerradas.
Nuestros amigos bebieron agua pura de la fuente a la entrada del valle y tuvieron la sensación que aquel agua les llenaba de paz y de fuerza de la montaña. Tras dejarse acariciar por el sol y por la hierba emprendieron la marcha.
Impresionaban las montañas, de nevadas cimas inmaculadas en contraste del intenso azul celeste.
Desmon-Table esta vez no quiso perder de vista a su amiga: quería verla transformarse en gacela o en anjana.
Eire apretó el paso en la espectacular bajada. Tanto que en algunos momentos parecía que volaba. Desmon-Table sentíase gordo y pesado ante la liviandad de la joven.
En un punto del camino, junto a una fuente Eire se puso a jugar tratando de acariciar una pequeña mariposa azul. Eran la viva imagen de la fragilidad y de la fuerza en la agreste montaña.
El precipicio era considerable pero Eire volaba por encima de las piedras sueltas.
Poco después una mariquita amarilla se posó en el cuello de Desmon-Table y Eire se la enseñó. Era una mariquita amarilla alpina extraña y pocas veces vista. Por algún motivo eligió caminar con el joven…
Tras una infernal subida por escalones de cemento llegaron al pueblo donde les esperaban sus amigos.
Un frugal ágape les dio fuerzas de nuevo.
*Nota: bien las “Patatas rellenas de carne y la longaniza con patatas igual no pueden considerarse ágape muy frugal, pero van de maravilla…”.
Desmo-Table pensó muchas veces en lo ocurrido: en las mágicas transformaciones de su amiga Eire.
Y llegó a la conclusión que lo mágico es compartir momentos especiales en entornos espectaculares con personas especiales, como su amiga Eire, Lady Lo y Sir Luik-Holmes o Missis Shara y Sir Edmun . Y se sintió afortunado por conocer a personas como sus amigos.

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Miércoles, 11 de octubre de 2006

LUAR NA LUBRE

7-Agosto-2006

“Luar”: “noche de luna”.
“na”: artículo contracto: “en la”.
“Lubre”: “claro del bosque sagrado” (celta).

“Luar na Lubre”: “noche de luna en el claro del bosque sagrado”. Eso y uno de los mejores grupos de la mejor música que existe: la música celta.

Hemos tenido el privilegio de escuchar un largo concierto de este grupo en el Pueblo de los Lobos. Y era precisamente aquí donde el concierto adquiría un cariz especial.
Plaza llena hasta la bandera. Gentes venidas de lejanos lugares para el evento. Un lujazo un grupo de tal categoría en el Pueblo de los Lobos.
El decorado. Incomparable. Tras los músicos iluminado el esbelto y majestuoso campanario neobarroco gallego de granito gris. Sobre él la luna. Llena. Soberbia. A sus pies ocho individuos, vestidos de forma elegante, arrancan sonidos de tierra y de alma a todo tipo de instrumentos. Laúd que envuelve. Flauta travesera que enamora. Gaita que trasporta a otros mundos. Violín incesante que embriaga. Voz humana femenina que emociona.

Primera canción: “A nai” (“La madre”). La tierra, madre, para los que, de un modo u otro, emigramos. Y mil recuerdos emocionados de sonrisas, de infancia, de amor. Para abrir boca...
Tras ella: “Chove en Santiago”. ¡Y tanto!. En Santiago siempre llueve...Escalofrío que recorre la columna, al recordar: como llueve en Santiago... Lluvia salada en los lacrimales. Santiago es especial porque, aunque luzca el sol, siempre llueve. A veces salado. Como durante los dos minutos y medio de la canción esta noche.
Bruja en La Palma y el resto de amigos para los que “chove en Santiago” siempre, se hicieron más presentes que nunca. Mi interior dedicó el concierto a Bruja que no dejó de estar allí (para eso es bruja…).
Siguen Cantigas de Alfonso X musicadas. “Tu gitana”. Una sencilla maravilla.
Poemas escritos por el genial Federico García-Lorca en gallego y musicados hace años (desconocía que El Genial había escrito diez poemas en gallego).
Tras ellos viajamos a la “Saudade” (“Morriña”) de los gallegos en Argentina. Argentina. No conozco a nadie allí. Bueno, de alguna forma sí. Vive en el Sur del Mundo y escribe como los ángeles. Ana: estuviste también esta noche en la plaza del Pueblo de los Lobos.
Otra canción peculiar: “Pandeirada do Che Guevara” de un poeta (y actual ministro venezolano) gallego en Venezuela.
Canciones que hablan de vida en “A costa da Morte” que como le llaman sus habitantes: “A costa da vida”, porque todo en Galicia es vida desbordada. Vida mágica. Vida viva.
En la plaza no cabe una aguja. Duelen las manos de dar palmas y de aplaudir a rabiar. El oído no se cansa nunca de escuchar la gaita y el violín. Es la propia tierra la que regala su lenguaje, su energía, su vida a través de los bellos sonidos que los certeros músicos arrancan a los instrumentos y a la voz.
Hablan de sentimientos del alma, de amor hacia la tierra de la que salimos y a la que volveremos. De dolor al abandonar las raíces y alegría del regreso y el reencuentro. El violín y la gaita. La gaita y el violín. El alma y la tierra. La tierra y el alma. Unidas y formando lo que somos, lo que soy.
Canciones que explican que podré vivir en mil lugares, que podré amar a mil amigos o a mil amados; pero que sólo tengo una Ítaca o un Santiago: la tierra y los míos. Que mi alma y mi tierra siempre estarán juntas, como lo están el violín y la gaita. La gaita y el violín.
Finaliza, tras más de dos horas, con un recuerdo hacia el Fisterra del drama del Prestige. Y un “Nunca Mais” sincero y emocionado al dolor de la Tierra.
Cuando el concierto ha terminado las bocas dicen: “¡Que bonito!” entre sonrisas, pero muchos ojos están empapados. Muchos ojos en realidad gritan: “Unos músicos han hecho un bello sortilegio esta veraniega noche de luna. Han conseguido con su música que la tierra me empape y me acaricie el alma”.
Este concierto en otro lugar es simplemente bellísimo. En el Pueblo de los Lobos (o en cualquier otro lugar de Galicia) en verano, para los que nos hemos ido o los que nos han vivido marchar, es mucho más. Aquí y ahora no es un concierto más. Es el diálogo tranquilo de la Madre Tierra con los hijos que han vuelto. Es la misma Madre Tierra que, por medio de una música embriagadora y genial, se regala a los que regresan.
Muchas gracias, Luar na Lubre, por el preciado regalo de esta noche mágica de “enxebres”.

Que la Madre Tierra bendiga y guarde a todos los que la aman.

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Jueves, 05 de octubre de 2006

VIAJE Y LLEGADA: LA CASA VOLADORA Y GENISTA CALIENTE

6-Agosto-2006

Jueves 10’30 de la noche. Subo al autocar. Me esperan once largas horas de viaje. Me instalo en el asiento: Fangoria en los oídos. Me gustan los viajes largos y pesados: hacen que desconectes del lugar que dejas y te prepares para el que te recibe. Al cabo de un rato cambio música por tapones de silicona en los oídos. Tira en la nariz para respirar mejor. Camisa de manga larga: aire acondicionado en exceso fuerte. Perneras de los pantalones. Cojín. Ya estoy preparado para viajar.
Primera parada: Alfajarín, junto a Zaragoza. Siempre me ha maravillado la capacidad de los camareros de esa área de servicio para hacer veinte cosas a la vez. Pido un café y cronometro. En veintitrés segundos me sirve el café, me lo cobra. Le pone un zumo y se lo cobra a la mujer de mi lado. Y sin perder la sonrisa. A las 2 de la madrugada...
Al pasar por Zaragoza me acuerdo de gente especial que he conocido ahí.
Duermo del tirón hasta Burgos. Despierto. Miro la hora y la ciudad. A lo lejos se intuye en amanecer. Durante un momento pienso: “Que diferente esta ciudad a la Barcelona que dejo. No, este no es mi lugar”. Área de servicio de Serrano. Junto a Burgos, hace frío. ¡Hace frío! ¡Que gusto! Con los calores que he pasado en Barcelona las últimas semanas. Estiro los músculos. Vuelvo a cerrar los ojos. Los abro. Ya de día a pocos kilómetros de Benavente. Ni me he enterado del paso por Palencia. Recojo el cojín, los tapones. Me quito la tira antirronquidos de la nariz, la camisa de manga larga, las perneras de los pantalones desmontables, voy al baño y me lavo la cara: por viajar 11 horas en un autocar no hay que llegar hecho un guiñapo…. Música: “Voyager” de Mike Olfield. Todo está calculado. Preparando mente. Pasando Benavente empiezo a tener la sensación de casa y de que mental y físicamente la Barcelona del bochorno y del anciano desnudo por las Ramblas de ayer queda muy lejos...
El castillo de Puebla, pocos metros antes de bajarme, es como la primera puerta hacia mi tierra. Pienso en mi abuelo encerrado allí varios meses por ser amigo de un republicano...
Bajo del autocar: la chica que iba en el asiento de atrás también va al Valle de los Lobos: se acuerda de mí: cuando era niña le enseñé algún juego. Llegan mi padre y mi prima a buscarme. Otro tramo más. El túnel es la siguiente puerta: la entrada en el Shangrilá verde y frondoso que es el valle.
Tras el puente sobre el río, la dura cuesta y los huertos: ¡EN CASA! Son casi las once de la mañana y hace fresco. ¡Que gusto! Besos, muchos besos. ¡MAMÍÍ! “Hombree, ¿cómo estás?, ¿traes muchos días?...”. Mi madre esta amasando una empanada. Que bien huele. Como cuando éramos niños. ¡Es fantástico estar en casa! Mil cosas que contarnos. Venga hablar.
Sales a la calle y todo el mundo te saluda y te pregunta. Sí, esto es volver. Al poco de llegar me acerco al cementerio, como siempre, a hablar con los que ya no están...aquí...
A la vuelta veo una casa que, hace cuatro meses no estaba. Lucía me explica que la llevaron “volando” por encima de los tejados, que la trajeron de Madrid con todo: “con las camas hechas y el “cagadero” a punto. Estaba todo el pueblo mirando: aquí nunca habíamos visto nada igual”...No entiendo lo que me dice: me imagino un helicóptero llevando una casa y posándola en un solar...no, no puede ser. El cansancio del viaje me juega malas pasadas...Mi madre me lo explica: por lo visto es un módulo prefabricado de hormigón y ladrillo que trajeron en un camión y, para poderla poner en el zócalo preparado del solar, la tuvieron que subir con una grúa por encima de los tejados de las casas vecinas. Me sigue costando entenderlo: “¿y no podían construirla como todo el mundo? Desde luego, estos paletos venidos a más son capaces de cualquier majadería por hacerse notar”. Desde que la pusieron le llaman “la casa voladora”. Yo, sinceramente, no me lo acabo de creer. Me parece más factible la hipótesis de que todos los habitantes del pueblo han sido abducidos, o han sufrido una suerte de alucinación colectiva producto de cucurriles (las setas que se cogen aquí) en mal estado o del agua del caño que abastece las casas. Como cuando en algunos sitios veían apariciones de la Virgen y eso...
El día siguiente, con Bruja en casa, vamos a la ermita a la Fiesta de Las Nieves. Bruja ríe con mis palabros: “plétora” y alguno más. Bonito paseo hasta la ermita.
Como ayer pasé la mayor parte del día en casa toda la gente te saluda. Es cansado pero es bonito: es tu gente, los tuyos. El que le robabas fruta a la vuelta del río (los niños de ahora no lo hacen: van a la tienda y compran montones de chuches...), el que le pisabas los millos (maíces) buscando nidos de pájaros,... (ahora buscan el politono pa ser más modernos que nadie...¡ que pena!)
Veo a Luís. Llora. Y empiezo yo. Lo de Balbina es demasiado reciente. En la iglesia Nieves se pone a mi lado: la abrazo: “Jose hoy es un día muy difícil”. No puedo decirle nada: sólo estar a su lado. A la vuelta de la comunión le vuelvo a pasar el brazo y la lluvia salada desborda lacrimales. Nieves y yo toda la infancia juntos, peleándonos y sin dejar de querernos nunca. Lo mismo con Luís y con Javi. Ahora somos adultos y nos podemos decir mil cosas con una mirada. Vuelvo al pueblo con Isa y Kiko: más de lo mismo. Aquellos amigos que vivíamos mil aventuras siempre juntos de niños, que de adolescentes nos separamos y buscamos nuestro lugar en el mundo, ahora, en plena treintena nos reencontramos como auténticos amigos capaces de expresarnos mil cosas con una simple mirada o con un gesto. Hay pocas cosas más auténticas que te hagan sentir mejor.
Excelente comida familiar. Nadie hace la empanada tan bien como mamá. Bruja se va. Es un sábado con tarde de domingo. Pesada. Cálida. Empiezo “La catedral del Mar” y me dedico toda la tarde a leer. Por la noche hay verbena. Paso: no me gusta bailar. Veo Salsa Rosa (vale, lo sé...pero se pelean Maite Zaldíbar y Raquel Bollo...).
Desayuno magdalenas recién hechas...a las 11 de la mañana. Subo a ver la finca de los castaños de mamá. Hay unos helechos que tengo que arrancar y unas ramas secas que tengo que quitar. Me acerco a ver los castaños jóvenes que plantó papá. Por el camino se cruza una lagartija. Me paro, le acerco una hierba, se para y le da con una pata, río en silencio. Juego con una lagartija y una hierba durante casi cinco minutos. ¡Esto es vida!.
Antes de llegar a la finca de los castaños jóvenes me paro un momento. Huele a genista caliente. Si en Nuria olía a pino caliente el aroma de las mañanas veraniegas del Pueblo de los Lobos es a genista caliente. Un aroma dulzón y embriagador que va íntimamente ligado a mí. Suenan cigarras por doquier. Charlo con los castaños jóvenes: “a ver si no os secáis este año...”.
Nieves y Toño están con su hija: es preciosa. Hablamos un rato. Charlas intranscendentes que reconfortan el espíritu.
Voy a visitar la Huerta de la Abuela (donde Bruja, en el futuro instalará una casa rural: “Can Yaya”...) el abruñeiro (endrino por estos lares) negro silvestre está cargado, lo mismo que el nogal del regato. Me acerco al otro huerto: las patatas empiezan a estar secas. Pronto se podrán sacar. Hay algún tomate que empieza a colorear. Corto un par de ramas de menta. “Esta tarde me voy a hacer una infusión deliciosa”. Todos estos movimientos por el pueblo aderezados con saludos y charlas con la gente. Que distinto es esto de la impersonal ciudad. Incluso con las críticas y las disputas, se respira una tranquilidad a genista caliente y autenticidad. Salir a la calle y conocer a quien pasa a tu lado es fantástico (aunque el que pasa a tu lado sea un capullo al que apenas dices un “hola” por cortesía; que las rosas tienen sus espinas...) y rodeados de bosques de robles y castaños, de manzanos y cerezos, de abedules y fresnos.
Esta noche: súper concierto en la Plaza del Pueblo: “Luar na Lubre”: estaré con mi gente de siempre, escuchando buena música celta, bajo una cúpula de estrellas como sólo se ven aquí...
Ha sido un buen aterrizaje.
Seguiremos informando...

Por: lobogrino | General | Comentarios (10) | Referencias (0)

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