Un simple cajón desastre de ideas peregrinas.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Lunes, 27 de marzo de 2006
Los bosques son curiosos cuando te internas por ellos en soledad. Lo curioso es que no me pueda sentir en absoluto solo estando en medio de un bosque.
Hoy he bajado por enésima vez al castro celta. Hacía un día nublado y lluvioso de invierno. A los pies del castro el río bajaba orgulloso y embravecido. El sonido del agua era atronador donde en verano sólo se oye viento y cigarras.
La soledad quizá parecía menos soledad por el bramido de las aguas pero no había un alma en bastantes kilómetros. La montaña que encaja al río majestuosa, cubierta de su brezo morado a punto de florecer. La soledad seguía sin aparecer.
He vuelto por el sendero del bosque de robles y castaños que me enseñara papá. Los altos helechos del verano hoy alimentan la tierra.
Huellas de corzos, zorros, jabalíes y quizá algún lobo. En caso de estallido nuclear planetario aquel recóndito bosque ni se inmutaría. Y una vez más allí, siguiendo senderos de corzos y jabalíes, a kilómetros de cualquier sitio habitado, no me siento en absoluto solo.
Yo, que soy como un rinoceronte en una cacharrería, en los bosques sé moverme sin hacer el más mínimo ruido. Yo, que cuando hablo con alguien no oigo bien, en los bosques escucho a la perfección el moverse de los insectos sobre las hojas o las pisadas de un lejano animal. Yo, que he llegado a no ver una farola y darme con ella, en los bosques no se me escapa la muda de un lagarto entre las hojas o la huella de cualquier bicho. En el bosque puedo distinguir decenas de olores e identificarlos. Es como si todos mis sentidos se avivasen. En alguna ocasión tanto sigilo me ha dado algún...“amago de problema”, como las veces (varias ya) en las que descuidados jabalís se me han puesto delante para susto de ambos (ellos más).
Hace un par de días subí al bosque donde están “mi” roble y “mi” piedra. Si me ocurriese algo en medio de aquella espesa selva de robles tardarían tiempo en encontrarme. Pero me siento como en casa. Un soberbio corzo pasó a unos 15 metros y durante casi un cuarto de hora nos estudiamos con la mirada. Entre ambos varios robles jóvenes proporcionaban seguridad al animal. Cuando se fue, berreando orgulloso y confiado, me sentí como si me aceptase en sus dominios.
El día anterior había estado en mi bosque en medio de abedules, robles, avellanos, alisos, sauces, brezo, genista y hiedra escuchando sólo el bramido del lejano río; pero tampoco me sentí solo en el bosque donde en verano el cuco juega al escondite con las cigarras.
A veces uno se nota como vigilado, se le erizan los pelos y tiene frío pero no hay que preocuparse: sólo es un lobo que está cerca y observa...
Y eso es sólo lo que vemos y oímos pero los “espíritus de los bosques” (por llamarlos de algún modo) también están. A veces crees que algo ha cruzado veloz de un tronco a otro y no ves nada...¡claro que lo hay! Quizá un duendecillo, una anjana, algún tipo de “elfo”: los nombres son lo de menos, pero haberlos haylos...y sé bien de lo que hablo...
En una ocasión mi vecina me preguntó si no tenía miedo en mis correrías por los montes. La miré como si fuese un militar con una alcachofa por sombrero. “¿Cómo voy a tener miedo en los bosques?, ¿a qué?”. La naturaleza es amiga de quien la respeta y la ama.
Es curioso pero a veces me siento solo en medio de una calle llena de gente en la ciudad. En la aglomeración del metro desconfío, si regreso a casa tarde voy intranquilo o vigilante.
Pero por más que me esfuerzo no logro sentir soledad ni miedo en medio de un bosque recóndito. Lo que siento es tranquilidad, vida auténtica, paz especial, la certeza que estoy vivo, que todo tiene un sentido y que soy parte de aquello sólo por el hecho de amarlo con admiración y respeto. Del bosque emana la teluria que me configura y me da la energía para vivir.
Hoy, en medido del bosque escondido junto al castro celta, en una absoluta tranquilidad me he girado varias veces (como en otras ocasiones) creyendo ver moverse algo entre los robles. Los “espíritus de los bosques” que jugaban al escondite conmigo. Quizá como el corzo de hace unos días ellos también me han aceptado en sus dominios...o es bonito imaginar que puede ser así...
Estos días he entendido que mi buena amiga Ana me llame a veces “hombre de los bosques”. Es de las cosas más bellas que me han dicho nunca.
¡Ojala!.
24-Marzo-2006.
Por: lobogrino | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
me has recordado a los paisajes de una película q se llama "el bosque animado".
debe ser precioso estar en la soledad de un bosque inmenso...
un beso guapo
sinfonia agridulce | 28-03-2006 14:57:13
Mi querido Lobo, tu relato de hoy me ha recordado mi infancia y juventud. Hasta que cumplí 16 años mis abuelos tenían una casa en un pueblecito de la sierra burgalesa, ya en el monte, y entiendo perfectamente el sentimiento de cobijo y protección que en ocasiones puede inspirar la naturaleza, porque entonces yo era así, podía pasar horas perdido en los pinares y el sotobosque, viendo, oyendo, escuchando, intentando hacerme uno con el entorno, espiando las huellas y los movimientos de las criaturas que compartían espacio conmigo en aquel momento... después mi abuelo murió, yo tuve que replantearme mis fines de semana y mis vacaciones en la ciudad, todo pasó al olvido... hasta que he leido tu texto de "Bosques". Gracias de nuevo, Lobo, por traer aquellos sentimientos mágicos a mi memoria.
Un abrazo.
Un Angel | 08-07-2006 14:15:10