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Jueves, 06 de abril de 2006
Jacobo no era un buen hombre pero tampoco era una mala persona. No hacía daño a nadie pero tampoco ningún bien. Era autosuficiente y solitario desde siempre. No tenía amigos porque, según él, no los necesitaba. Trabajaba como traductor desde casa y sus relaciones con los demás eran escasas y superficiales. Un día, uno de los conocidos del trabajo con los que salía de vez en cuando habló del Camino de Santiago y Jacobo, tras informarse sobre la ruta, decidió hacer El Camino de la Plata en enero para encontrarse a la menor gente posible. Le gustaba el reto pero sin ser molestado. Como solía decir: “Yo no necesito a nadie para vivir”.
Al llegar a la ermita junto al río seguía sintiéndose vigilado. Se asomó a la ventana y durante una fracción de segundo notó como si la imagen de la Virgen de las Nieves le sonriese con una cierta ironía. Se rió de su propia estupidez.
Subió al puerto en la soledad veraniega del invierno de la montaña. Aquella presencia andaba cerca pero, como incrédulo que era, la atribuyó al cansancio de varios días de duras etapas.
Lo que le intranquilizó seriamente fue lo que vio al cruzar el puerto: el día veraniego del Valle de los Lobos tras la montaña había mudado en un plomizo gris invernal. Durante la bajada no vio árboles florecidos, ni hierba, ni insectos. “Es invierno-se dijo- esto es lo normal. Ese valle debe tener una especie de microclima raro”.
Llegó a Gudiña en una tarde cubierta que amenazaba tempestad.
Por la mañana, cuando salió del albergue, todo estaba nevando. Había caído ya un considerable manto blanco que amenazaba con ir aumentando. A la salida del pueblo se le acercó una mujer: “No siga. Espere aquí hasta mañana. No camine hoy, puede ser peligroso”. Jacobo apenas le hizo un educado gesto de despedida y prosiguió su camino. La mujer insistió y le dio una estampa de la Virgen de las Nieves sonriendo: “Si se pierde o le pasa algo pídale ayuda, Ella siempre escucha”.
El peregrino la llevó en la mano hasta que dejó perdió de vista a la mujer: “-“- Supersticiones de viejas” y la tiró a un lado del camino.
La nieve en As Ventas aumentaba a cada paso. Y a cada paso era más difícil avanzar. Peor aún era saberse vigilado. Ya no tenía dudas. Alguien iba detrás de él y le espiaba. Aunque este no era su mayor problema.
Empezó a ser consciente de que algo no iba bien en la bajada a Campo de Becerros que resultó infernal; en algún momento llegó a caer rodando por la nieve. Pese a todo tampoco quiso más ayuda que un bocadillo que pagó con cajas destempladas en el primer bar del pueblo, ni aceptó consejo alguno de parar. “ ¡Ahora llego a Santiago aunque reviente; tanto si nieva como si hace sol!.
La nieve cubría casi por completo la Cruz de Peregrinos del Cerdedelo y la bajada a Laza fue irreal como en un sueño.
En algún momento sintió que perdía pie, que caía a un pozo sin fondo. Cayó, cayó…
Cuando abrió los ojos vio un valle imponente a sus pies. Estaba en medio de la nada, en una mañana plomiza de nieve y sin embargo sentía calor a su lado. Pensó que había muerto y yacía junto a una bella joven en el paraíso…
…Y a punto estuvo de morir al darse cuenta…
Por: lobogrino | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
aunque pensemos que no, todos necesitamos de alguien para seguir viviendo...
aunque sea el que nos vende el pan ![]()
besos lobo
sinfonia agridulce | 07-04-2006 03:23:33