Un simple cajón desastre de ideas peregrinas.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Martes, 16 de enero de 2007

Suenan las notas de esa melodía de Milladoiro que siempre me ha fascinado. Una de las músicas más mágicas que jamás he escuchado.
Suenan los acordes de “Invernía” en mis oídos, en mi mente y sobre todo en mi corazón cuando el autocar llega a Benavente.
Esta vez el viaje ha sido excepcionalmente tranquilo: prácticamente he dormido, sin descansar, durante las 11 largas horas de trayecto. Imagino que cansado del contratiempo del robo del teléfono la noche anterior. Cansado de la gran ciudad que desde mediados de noviembre se ha convertido en un enjambre de compradores compulsivos y un laberinto de luces de colores que producen jaqueca. Miles de estímulos visuales y sonoros desquiciantes destinados a que nos lancemos a comprar como posesos.
Pos eso: necesitaba salir de esa prisión prenavideña de grandes almacenes, estreses varios y necesidad de desconfiar de todo porque cualquier día te roban la camisa que llevas puesta sin que te enteres.
“Invernía”, además de una bellísima melodía de uno de los mejores grupos de música celta es el término con el que en El Valle de los Lobos se define un invierno frío.
Suena la música de Invernía cuando dejamos atrás la Meseta y nos acercamos al amado Valle de los Lobos. Suena Invernía mientras la vista contempla extasiada los campos cubiertos de escarcha, de neblina y cenceño. Fuera hay como 10 grados bajo cero y el cenceño de los bellos días nublados lo cubre todo. Es la imagen para esa canción.
En las últimas tres campanadas de la melodía llegamos al final del trayecto. Magnífico día gris de frío intenso y cálidos abrazos.
Y de nuevo en casa, la mirada de mamá, el abrazo de papá, el calor de la lumbre. El silencio del Pueblo. No hay luces de colores por las calles, no hay tiendas en las que comprar innecesariedades, no hay colas. Por no haber, casi no hay ni gente. Pero el aire es tan puro que duele al respirar, los saludos de los conocidos son tan auténticos que emocionan, el agua es tan limpia que lava todas las fatigas y el calor es tan humano que da autenticidad, vida y hace sentir bien.
Después de un rato de charla, como siempre, me acerco al cementerio para saludar a los mayores. Nunca se puede olvidar el recuerdo ni el cariño de los que nos han dado lo que tenemos.
Mamá está haciendo los botillos y toda la casa huele a adobo que alimenta. Como cuando éramos niños.
Por la tarde me acerco a ver los nuevos castaños que plantó papá unas semanas atrás. Voy algo ensimismado siguiendo el rastro reciente de un jabalí entre unas genistas. Me parece oír ruido de pisadas. Y cuando levanto la mirada les veo: dos majestuosos corzos jóvenes pasan tranquilos a 10 metros de mi, me miran altaneros y siguen su camino. Que diferente es esto de la ciudad donde unas horas antes me estaba peleando con una dependienta (con vocación de funcionaria) para que me duplicase la tarjeta del teléfono…
Luego con mamá, como siempre, pongo el árbol de Navidad y el Pesebre. Dentro de unos días vendrá Bruja y celebraremos la Navidad tranquilos, en familia.
Salgo a pasear entrada ya la noche: en el cielo negro relucen todas las estrellas del universo. Veo constelaciones, nebulosas, planetas, la amada Vía Láctea que se dirige al añorado Santiago. Ahora no toca. Pero pronto sí...
Hace tanto frío y el aire es tan puro que uno puede captar cientos de sensaciones inigualables: el canto del cárabo, el cercano berrido de los corzos, el aroma terroso de las hojas en descomposición por las que corretea un huidizo ratoncillo, el denso olor del musgo húmedo…
Luego habrá días para estar con los amigos en el bar, para cortar leña o arrancar arbustos, para reír con la familia y para trotar por los montes de día y de noche, para felicitar Navidad y Año, para comer las buenas roscas de pan recién hechas a las doce del mediodía, los suculentos guisos de mamá o beber a morro purísima agua helada de cualquier camino.
Hoy acabo de llegar de nuevo. Disfruto como siempre de la escarcha que empapa mis barbas en la fría noche mientras en mi mente y en mi corazón resuenan los mágicos acordes de Invernía en mi amado Valle de los Lobos, junto a los míos…
*- Foto: "Líquenes en los bosques de robles, junto al Pozo Verde". By: Lobogrino. 4-I-07. Regalo para Bruja.
Por: lobogrino | General | Comentarios (5) | Referencias (0)
¡Hombre, por fin aparece el Lobogrino! Pensaba que te habías quedado con los lobos... Feliz año, chaval.
Amuitz | 16-01-2007 12:41:36
Feliz regreso, Lobogrino, por tu relato veo como te transforma tu paisaje, no hace falta que me digas que te lo has pasado bien, lo se, estás en tu ambiente y las sensaciones que describes dificilmente las encontrarás en la ciudad.
Un abrazote.
hermes97 | 17-01-2007 02:30:38
da vinci | 18-01-2007 07:10:36
Tras una larga espera al fin puedo entrar en tu blog y es que realmente esto es desesperante, ya que hay que acertar con el día, la hora y creo que hasta con las alineaciones astrales.
Bueno a lo que iba bien venido en este tú regreso y mi felicitación por el nuevo año que comienza, además de alegrarme por esos días tan entrañables que has pasado rodeado de tus seres queridos y en un entorno envidiable.
pe-jota | 19-01-2007 12:49:17
No me lo puedo creer, por fín se abrió!!!
Vaya pues estupendos dias con tu familia, y recargo de pilas para el resto del invierno, buen regreso, bienvenido Grino.
Un besazo.
Ahora el misterio de la publicación.....
pon | 21-01-2007 18:53:10